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viernes 17 de septiembre, 2021

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11 personas mueren de hambre cada minuto

Oxfam denuncia que hasta 11 personas están muriendo de hambre y malnutrición cada minuto en el mundo. Este ritmo supera la actual tasa de mortalidad de la pandemia de COVID-19, que es de siete personas por minuto.

El informe, titulado ‘El virus del hambre se multiplica‘, alerta de que los conflictos continúan siendo la principal causa del hambre desde la irrupción de la pandemia. Desde el inicio se han sumido más de medio millón de personas en una situación cercana a la hambruna, seis veces más que en 2020. 

Actualmente hay 155 millones de personas en el mundo que viven en una situación de crisis alimentaria o peor. Esto supone 20 millones de personas más que el año. En torno a dos de cada tres de estas personas pasan hambre a consecuencia de la guerra o los conflictos en sus países. 

El informe también describe cómo las perturbaciones económicas, acentuadas por la pandemia, y el agravamiento de la crisis climática han llevado a decenas de millones de personas a pasar hambre.

El desempleo masivo y las grandes alteraciones en la producción de alimentos han provocado que el precio de los alimentos se dispare un 40 %. Este es el mayor aumento en más de una década. 

Oxfam sobre el hambre en la pandemia

Gabriela Bucher, directora ejecutiva de Oxfam Internacional, ha declarado lo siguiente: “Los incesantes conflictos, las consecuencias económicas de la pandemia y el agravamiento de la crisis climática han empujado a más de 520.000 personas al borde de la hambruna. En lugar de hacer frente a la pandemia, las partes en conflicto han seguido luchando entre sí, a menudo dando un golpe letal a millones de personas que ya sufrían las consecuencias de los fenómenos meteorológicos extremos y las perturbaciones económicas.”

El conflicto armado en la pandemia


A pesar de la irrupción de la pandemia, el gasto militar mundial ha aumentado en 51.000 millones de dólares, cantidad suficiente para cubrir seis veces y media la financiación requerida por las Naciones Unidas para acabar con el hambre en el mundo. Mientras tanto, los conflictos y la violencia han provocado que el número de personas desplazadas internamente haya alcanzado un máximo histórico, llegando a los 48 millones de personas a finales de 2020.

“Se sigue utilizando el hambre como arma de guerra, privando a la población civil de agua y alimentos e impidiendo la llegada de ayuda humanitaria. Las personas no pueden vivir de forma segura o conseguir alimentos si se bombardean los mercados y se destruyen los cultivos y el ganado.”

Bahjah, una madre de ocho hijos que vive en la provincia de Hajjah, en Yemen, y que ha tenido que huir de su hogar varias veces, contó a Oxfam: “Mi marido es demasiado viejo para trabajar, y yo estoy enferma. No nos ha quedado más remedio que enviar a nuestros hijos a pedir comida y a traer sobras de restaurantes. Pero incluso la comida que conseguían traer no era suficiente.”

Gabriela Bucher afirma : “la pandemia también ha puesto al descubierto las profundas desigualdades que hay en el mundo. La fortuna de las 10 personas más ricas del mundo (nueve son hombres) aumentó en 413 000 millones de dólares el año pasado; según las Naciones Unidas, esta cantidad es suficiente para financiar 11 veces la totalidad de su asistencia humanitaria mundial.”

Algunas de las zonas críticas del hambre en el mundo, como Afganistán, Etiopía, Sudán del Sur, Siria y Yemen, siguen asoladas por los conflictos, y han experimentado un drástico aumento de los niveles de hambre extrema comparado al año pasado. 

Según un reciente análisis de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF), más de 350 000 personas en la región de Tigray (Etiopía) viven actualmente en condiciones cercanas a la hambruna. Se trata de la cifra más elevada desde la registrada en Somalia en 2011, cuando 250 000 personas murieron de hambre. Se calcula que más de la mitad de la población yemení vivirá una situación de crisis alimentaria o peor a lo largo de este año. 

La inseguridad alimentaria también se ha agravado en países de renta media como India, Sudáfrica y Brasil, que se han convertido en zonas emergentes del hambre, y donde se han producido algunos de los aumentos más drásticos de casos de COVID-19. 

Zonas críticas afectadas por el hambre

  • Brasil. Las medidas para frenar la propagación del virus obligaron a cerrar los pequeños negocios, y más de la mitad de la población trabajadora del país perdió su empleo. La pobreza extrema se ha triplicado, pasando del 4,5 % al 12,8 %, y cerca de 20 millones de personas se han visto arrastrados al hambre. El Gobierno federal solo ha garantizado ayudas para 38 millones de familias vulnerables. Por lo que millones de familias más se han quedado sin ningún tipo de ingreso mínimo para sobrevivir.
     
  • India. El aumento vertiginoso de los casos de COVID-19 ha arrasado la salud pública y los ingresos en el país, sobre todo para las trabajadoras y trabajadores migrantes y las agricultoras y agricultores, que se vieron obligados a abandonar sus cultivos. Más del 70 % de las personas encuestadas en 12 estados del país afirmó haber tenido que reducir la cantidad de alimentos que consumen al no poder comprar comida. Asimismo, el cierre de las escuelas ha privado a 120 millones de niñas y niños de su principal comida del día. 
     
  • Yemen. Los bloqueos, el conflicto y la crisis de carburante han provocado que el precio de los alimentos básicos se haya más que duplicado desde 2016. La ayuda humanitaria ha caído a la mitad, limitando la repuesta de las organizaciones humanitarias y dejando a cinco millones de personas sin acceso a ayuda alimentaria. El número de personas que viven en condiciones cercanas a la hambruna se ha casi triplicado, llegando a 47 000 en julio de 2021.
     
  • Región del Sahel. En los países más afectados por los conflictos, como Burkina Faso, se produjo un aumento de los niveles del hambre del 200 %. El recrudecimiento de la violencia en la zona central del Sahel y en la Cuenca del Lago Chad ha obligado a 5,3 millones de personas a huir de sus hogares, y ha provocado la mayor inflación del precio de los alimentos de los últimos cinco años. La crisis climática no ha hecho sino agravar la situación: el número de inundaciones se ha disparado un 180 % desde 2015, arrasando los cultivos y mermando los ingresos de 1,7 millones de personas tan solo el año pasado. 
     
  • Sudán del Sur: diez años después de la declaración de independencia del país, más de 100 000 personas viven en condiciones cercanas a la hambruna. La violencia crónica y las inundaciones interrumpieron la actividad agrícola y forzaron a 4,2 millones de personas a huir de sus hogares. Por el momento, no se ha movilizado siquiera el 20 % de los 1680 millones de dólares del llamamiento humanitario de las Naciones Unidas para Sudán del Sur.

Así lo cuentan


Mulu Gebre, de 26 años, que tuvo que huir de su ciudad en Tigray (Etiopía) cuando estaba embarazada de nueve meses, ha contado a Oxfam: “Vine a Mekele porque me habían dicho que aquí daban comida y leche a los niños pequeños. Cuando llegué, no pude encontrar comida ni siquiera para mí. Necesito comida para mi hijo, que solo tiene cuatro meses y nació bajo de peso.”

Gabriela Bucher añade: “las personas que trabajan en el sector informal, las mujeres, las personas desplazadas y otros grupos marginados se ven desproporcionadamente afectados por los conflictos y el hambre. Las mujeres y las niñas están especialmente afectadas ya que, a menudo, comen menos y son las últimas en hacerlo. Se ven enfrentadas a dilemas imposibles, como tener que elegir entre ir al mercado y arriesgarse así a sufrir agresiones físicas o sexuales, o bien contemplar cómo sus familias pasan hambre.”

Oxfam contra el hambre


“Los Gobiernos deben tomar medidas para que los conflictos dejen de agravar los catastróficos niveles de hambre; en su lugar, deben garantizar que la asistencia humanitaria llegue a las personas que más lo necesitan. Los Gobiernos donantes deben financiar urgentemente la totalidad del llamamiento humanitario de las Naciones Unidas para salvar vidas de manera inmediata. Los miembros del Consejo de Seguridad también deben exigir responsabilidades a quienes utilizan el hambre como arma de guerra.”

“Para evitar muertes y que millones de personas más se vean arrastradas a la pobreza extrema y el hambre, los Gobiernos deben poner freno a esta enfermedad mortal; nunca había sido tan urgente lograr una vacuna universal. Al mismo tiempo, los Gobiernos deben construir unos sistemas alimentarios más justos y sostenibles y fomentar los programas de protección social”.

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