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martes 14 de septiembre, 2021

El diario de los lectores comprometidos

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«Hay que dejar de producir prendas de manera compulsiva»

La industria textil es una de las más contaminantes del planeta. Por eso, es necesario abogar por un cambio en este sector. La Fast Fashion ha hecho del mundo de la moda un sector en el que prevalece el concepto de ‘usar y tirar’. Además, su inserción en países en vías de desarrollo, utilizando de mano de obra barata y contaminando sus ecosistemas hace cada vez más necesario un cambio en el modelo de negocio.

De todas estas cuestiones hemos hablando con Raúl González, CEO de Ecodicta, una empresa de alquiler de ropa por suscripción, una forma de consumir moda de manera sostenible.

Este emprendedor concienciado con el medio ambiente aboga por «una transición progresiva de la industria de la moda», para que ningún país se quede atrás.

En pocas palabras, ¿qué es Ecodicta? 

Es un alquiler de ropa de suscripción mensual, con él conectamos personas con valores y marcas conscientes a través de la cadena logística que creamos. Lo que queremos es que se disfrute la moda pero de una forma consciente, siendo buena para ti y para el planeta.

Es una fórmula que no se había dado antes España. ¿Cómo surge la idea? ¿Qué necesidad vieron que había en el mercado? 

Surge cuando mi esposa y yo estábamos en México y por motivos laborales teníamos que ir a eventos y reuniones. Nos dimos cuenta de que estábamos comprando mucha ropa que luego casi no usábamos y se quedaba acumulada. Vimos que en Estados Unidos sí que existía este modelo de negocio y que tenía bastante recorrido. En España, en cambio, no había nada similar. Entonces, adaptamos un poco los modelos americanos de alquiler de ropa a lo que es la cultura española. 

A la hora de desarrollar el proyecto, cuando ya tienen la idea como me comenta, ¿se han encontrado con muchas dificultades para encontrar proveedores, marcas, financiación, etc.?

Sí. Problemas ha habido muchos, la verdad. Al ser un modelo tan novedoso lo que hacíamos al principio era un poco evangelizar y avisar sobre nuestro consumo de ropa. Era más sencillo que vender directamente porque la gente no está muy concienciada con el tema de los desperdicios textiles, la sobreproducción o la fabricación en países en vías de desarrollo. Había que hablar de contaminación y de la lesión de los derechos laborales y los derechos humanos que esto provoca. 

«Nos hemos dado cuenta que no necesitamos comprar compulsivamente, sino poder disfrutar de las prendas y sean una herramienta de comunicación para vestir los valores»

¿Está la sociedad más concienciada ahora?

Hemos notado mucho cambio. Porque muchos periodistas han puesto el foco en el sector textil. Nosotros lo que pensábamos es que si en otros sectores tan contaminantes como es la industria petrolera habían entendido que tenían que ir hacia la sostenibilidad, pues en el sector textil, que es el segundo más contaminante también había que hacer esa reflexión. Es lo que hicimos un poco apostar hacia un modelo de negocio que no existía en ese momento y esa fue la mayor fricción que tuvimos al principio. 

Posteriormente, cuando ya desarrollan la plataforma y tienen un armario, ¿cómo ha sido la acogida por parte de los clientes?¿Les ha costado llegar a un nicho de mercado?¿Somos reacios a utilizar este tipo de plataformas de ropa reutilizada?

Pues la verdad es que tuvimos un pequeño boom a finales de 2019  y principios de 2020. Estábamos creciendo mucho antes de la pandemia y la gente estaba empezando a reflexionar sobre su consumo y demás. La Covid-19 ha sido un paso hacia atrás para dar tres hacia delante. A partir de esto la gente se ha empezado a plantear cómo consume y cómo vive. También es cierto que ahora hay gente con problemas económicos e igual no se alquila.  Entonces nos está costando otra vez volver a coger el ritmo. Pero yo sí creo que la mentalidad de las consumidoras ha cambiado. Hay un cambio en el sentido la gente se ha dado cuenta de que lo importante es tener experiencias, más que acumular, que es lo que defendemos en Ecodicta. Se puede disfrutar de la moda sin tener que acumular y se ha visto reflejado en estudios como el elaborado por la consultora 21 grados, donde por primera vez en años han caído el número de personas que dice que comprar les hace feliz.

Nos hemos dado cuenta que no necesitamos comprar compulsivamente, sino poder disfrutar de las prendas y que las prendas sean una herramienta de comunicación para vestir los valores.

Ropa Ecodicta.

Y, ¿la mentalidad de las marcas?

Ha cambiado. Muchas están iniciando el Greenwashing. Ahora prácticamente en el 95% de proyectos nuevos que surgen incorporan criterios de sostenibilidad, sobre todo en marcas españolas. También vemos que muchas marcas están abiertas a colaboraciones para incorporar criterios de sostenibilidad entre sus motivaciones, cosa que antes no pasaba.

Estaba hablando sobre los valores medioambientales y ecológicos en los que parece que sí que se está avanzando, pero el mundo de la moda es un sector complicado. Se cae mucho en la necesidad de pertenencia. ¿Han tenido algún tipo de problema con clientas que se hayan puesto en contacto con ustedes para adquirir los servicios y a la hora de tener que hacer las devoluciones no se hayan realizado como estaba pactado?

No. La verdad es que nuestras clientas suelen ser bastante comprensivas con el modelo y con el estado de desarrollo de la empresa. Lo que hacemos es tener mucha transparencia con ellas y un buen servicio de atención al cliente para que les compense por las posibles fricciones que puede tener una empresa tan pequeña como la nuestra. Las clientas son conscientes de lo que están adquiriendo, de que somos una empresa pequeña, que no hay muchos recursos y que ellos o ellas son pioneras en utilizar este servicio, está forma de disfrutar de la moda de una manera diferente. 

¿Cómo compensan el tipo de fricciones de las que hablaba anteriormente?

Con prendas extras por los posibles fallos o errores que podamos tener. Al final nosotros somos un complemento a la compra no una alternativa.

Además de el alquiler de ropa, también llevan a cabo otras acciones, ¿puede hablarme un poco sobre estas?

Promocionamos otro tipo de servicios o de propuestas que favorecen la reducción de la huella. Queremos ir más allá. Estamos dando sesiones de estilismo consciente para que la gente cree armarios cápsulas en sus casas. Al final, si tú sabes lo que te queda bien, sabes que es con lo que mejor te ves, entonces vas a comprar mejor y a reducir la compra compulsiva. También tenemos otra acción que se llama Fashion4Change, en la cual colaboramos con una ONG que se llama KUBUKA. Las clientas nos han estado enviando prendas que tenían acumuladas en un armario y las hemos vendido en un popup. Así, las clientas pueden ser solidarias vendiendo esas prendas que tiene acumuladas en su armario y dándoles una nueva vida, reduciendo la compra de nuevas prendas y apoyar así este proyecto de KUBKAKA en Kenia de reciclaje de plásticos de emprendimiento social. Todo el dinero recaudado va íntegramente para ellos. 

Ecodicta funciona a base de suscripciones. Las clientas pueden disfrutar diferentes tarifas y mensualmente reciben un número de prendas. ¿actualmente cuántas suscripciones gestionan?

Unas 230 ahora mismo.

Y, ¿cuál es el perfil de sus clientes? 

En realidad tenemos tres perfiles. Por un lado mujeres ejecutivas, que a lo mejor no tienen mucho tiempo para comprar y están concienciadas, suelen tener entre 30 y 50 años. Luego está a la que le gusta mucho la moda y así puede consumir de una forma diferente. Suele ser más activa en Redes Sociales o le dedica más tiempo a la moda y le gusta recibir prendas, para disfrutarlas. Y luego hay un perfil más joven, de entre 20 y 30 años que es un perfil mixto. Chicas que están muy concienciadas, que tal vez están en su primer trabajo y quieren vestir un poco más formal y que están muy concienciadas.

A la hora de seleccionar las marcas con las que colaboráis, ¿cómo son esas marcas? ¿Tienen que tener algún tipo de compromiso? ¿Qué tipo de marcas utilizan las usuarias de Ecodicta?

Un poco de todo. Lo que es sostenible es el modelo de negocio. Entonces, lo entendemos como una transición donde debemos ayudar a las marcas a ser más sostenibles. Para nosotros una marca que ofrece ya el alquiler es una característica que nosotros entendemos como sostenible. Hay que entender que la sostenibilidad no está solo en los materiales, también existe el ecodiseño, la durabilidad, si se ha pensado en el fin de la vida útil, si tiene acciones para reducir su huella de carbono, etc. Hay muchos factores que pueden hacer de una marca sostenible. 

Trabajamos por un lado con marcas que son conscientes de que tienen que cambiar, ayudándoles a introducirse en este mundo.  Pero también trabajamos con marcas sostenibles y éticas que, por ejemplo, solo fabrican en España o tienen negocios de proximidad. También puede ser que utilicen materiales sostenibles pensados en la durabilidad, con esas marcas lo que hacemos es ayudarles a darse a conocer a través del nuevo canal de distribución.  Somos un apoyo para que nuestras clientas conozcan estas marcas y son una alternativa real a la Fast Fashion, porque son prendas que duran mucho más.

«Se fabrican casi 100.000 millones de prendas al año que se utilizan una media de 7 veces»

Hablando de la Fast Fashion, no hace tanto tiempo que se instauró este término. Lleva un par de décadas, pero tampoco es una forma de consumo que lleve tanto tiempo, ¿estamos llegando al final de una era?  

Yo creo que por la presión estatal y de los ciudadanos, incluso de los propios inversores van a tener que reducir su impacto.  Es difícil porque es todo un entramado que depende de muchos factores. En lo que hay que poner el foco es en el modelo de negocio. Dejar de producir prendas de manera compulsiva, que luego no duran. Esa es la madre de todos los problemas.  Si lo hacemos así podremos ir viendo cómo se transforma el sector.

Yo creo que muchas veces vemos que las grandes empresas intentan decir que son sostenibles porque a lo mejor integran materiales menos lesivos o intentan fabricar de una forma que ahorre más agua. Pero no se plantea cuál es el modelo de negocio de la Fast Fashion que básicamente son prendas de poca calidad que tienen mucha rotación. Entonces tienes que fabricar muchas prendas para que salga rentable fabricar en países en vía de desarrollo o tienes que fabricar muchas prendas para que sea rentable traerlas  de allí o tienes que fabricar muchas prendas para ver cuál es el modelo que funciona y no te preocupas por crear marca. 

Lo que sí hemos visto es que respecto a hace 20 años se fabrica mucho más prenda. Se fabrican casi 100.000 millones de prendas al año que se utilizan una media de 7 veces. Lo que se ha visto es una pérdida brutal de la calidad de las prendas y que prácticamente se están haciendo prendas de usar y tirar.

«Hay que hacer una transición ordenada hacia una nueva industria de la moda»

Estábamos hablando del ‘usar y tirar’ ¿es necesario cambiar esta visión del mundo de la moda? 

Sí.  Porque muchas veces se culpa al consumidor o a la consumidora,  pero hay que tener en cuenta que las personas también tienen sus problemas, su hipoteca, un dinero limitado  y un tiempo limitado. No podemos poner el foco siempre en ellos y decirles ‘Oye, eres mala o malo’ por consumir para Fast Fashion cuando a lo mejor es la única alternativa que tienen. Tanto los estados cómo las empresas que lo hacen de forma ética tenemos que empujar para transformar la industria. Es un camino que tenemos que recorrer. Hay que dejar bien claro que quién no siga este camino se queda fuera del negocio.

¿Se van a quedar fuera estas marcas de verdad?

Sí. Tendrán que transformarse por motivos puramente egoístas y las marcas de moda están obligadas, como en otros sectores que eran muy rentables. Hemos visto que su modelo de negocios se ha agotado. Esto ha pasado principalmente en el sector del automóvil y el petrolero. Esas empresas piensan de cara a 20 años. Entonces yo creo que la moda tiene que empezar a pensar así. Es cierto que es un importante foco de desarrollo económico y social. Por lo que la solución tampoco es dejar de fabricar en países en vías de desarrollo. Muchas veces estos países son dependientes de esta industria y del modelo de negocio. Pero hay que hacer una transición ordenada hacia una nueva industria de la moda.

¿Lo que hay que cambiar es el modelo en general de negocio?¿Llevar a esos países en vías de desarrollo unos modelos de negocios similares a los que ya se están haciendo aquí en marcas más pequeñas, más responsables con el medio ambiente?

Sí.  Por ejemplo, Bangladesh es muy dependiente de la Fast Fashion. Entonces, tampoco podemos cambiar de golpe porque haríamos mucho mal si cambiamos el modelo de negocio de golpe y empezamos a fabricar todo en España. Hay que hacer una transición y poco a poco ir dando alternativas a estos países para tener nuevas industrias.  Es verdad que reciben mucho dinero de esto pero también se está contaminando muchos de los mares y ríos y cuando la industria se está va a otros países con manos de obra más barata dejan sus programas medioambientales atrás en estos Tener fábricas de obra  barata es  pan para hoy hambre para mañana pero, no se puede quitar el pan de golpe,  por qué se quedaría el país en un caos absoluto.

«Yo creo en la legislación positiva, que es premiar a quienes lo hacen bien»

¿Cómo habría que hacer este cambio?

Hay que plantearse las cosas a 20 años. El cortoplacismo no es bueno en industrias tan importantes como la moda. Seguramente sea la más importante del mundo después de la alimentación y el transporte.

Hay que tener en cuenta que muchas familias en estos países viven de trabajar en estas fábricas y hay que ir poco a poco dándoles alternativas, invirtiendo en educación, invirtiendo en mejorar su medio ambiente, invirtiendo en fábricas más sostenibles  para que se haga una transición ordenada y así conseguiremos que se cambie el modelo de negocio a nivel global. La cosa es que hay unas problemáticas a nivel mundial que no se pueden resolver sin el aparato estatal a no ser de que se lleguen a acuerdos internacionales. Hay una problemática que va más allá de lo que son los impactos, se ha creado todo un entramado que en torno a la Fast Fashion y la distribución de ropa a nivel mundial.

Aquí, ¿dónde quedan los gobiernos? ¿Han de ser ellos los que impulsen a las entidades privadas a cambiar el modelo de negocio?

Yo creo en la legislación positiva que es premiar a quienes lo hacen bien. Y luego hay otra cuestión que son las externalidades negativas. Las grandes empresas no pagan esto. Es cuando tú estás contaminando un río, por ejemplo. Si lo haces en España a lo mejor te toca pagar la limpieza pero cuando lo haces en un país en vías de desarrollo no.  Ahí tienes una ventaja competitiva de precio respecto al que fabrica en España y esas externalidades ahora mismo las empresas no las están pagando. Por eso creo que con el tema de impuestos o de IVA se puede fomentar muy bien, premiando las empresas que son positivas y hay que establecer una serie de daños al medio ambiente ya sea aquí o en Bangladesh. Lo que se hace en un lado termina afectando.  Esto se ha visto muy bien con el Covid. Y es algo que también pasa cuando tú contaminas un río de Bangladesh tarde o temprano nos va a repercutir. 

Yo hago por hacer que el medio ambiente sea Patrimonio de la Humanidad a nivel mundial y que se pague en esas externalidades que, no es más que pedir algo justo. Al final se están gastando el uso y disfrute de lo que es el medio ambiente. No es nada extraño, ni hay que decir que haya que castigar a la Fast Fashion sino simplemente que se paguen esas externalidades como ya se hace en otros sectores. Cuando se emite mucho CO2 a la atmósfera tienen que pagar. Existen cuotas, que no es la mejor manera, porque lo ideal sería no emitir pero es un paso más. Además se está haciendo una fiscalidad positiva a favor de las empresas que cumplen criterios de sostenibilidad. Con eso empezamos a dar los primeros pasos para transformar los modelos de negocio.

«En España no existen muchas ayudas y las que hay están muy burocratizadas»

Estas hablando de fiscalidad positiva, es decir premiar a los que lo están haciendo bien. ¿Cuando pusieron en marcha Ecodicta recurrieron a financiación pública a través de subvenciones o ayudas?

Nosotros no hemos tenido ningún tipo de ayuda estatal ni de la Comunidad de Madrid, que la verdad es que no suelen sacar muchas ayudas. Lo enfocamos como ser un player privado, donde hay que competir con el resto del mercado, en cierta situación de desventaja, pero al final es competir con los sectores ya establecidos. En España no existen muchas ayudas y las que hay están muy burocratizadas. Entonces impiden que las empresas podamos acceder fácilmente.

Mujeres en Ecodicta.

¿Siente que hay una desprotección hacia estas pequeñas empresas que están luchando por el cambio?

Sí. Existen premios y cosas de este estilo, pero se quedan más en la foto que en lo que es el impacto real. Al final lo que necesitan empresas como la nuestra es capital para poder operar y de eso no hay. Cada vez van saliendo más herramientas en torno a la inversión con impacto positivo como la plataforma de crowdfunding de la bolsa de impacto social pero son mayormente iniciativas privadas. En lo referente a iniciativas públicas hay muy poca ayuda. Veremos ahora con los Fondos Europeos si no están demasiado burocratizados o pensados para medianas o grandes empresas que igual no tengan los criterios de sostenibilidad y no sean competitivas en el mercado, pero si son competitivas a la hora de salir a concurso público. 

Desde su experiencia personal, si viniera un emprendedor a pedirle consejo, ¿qué le diría? 

Les diría, sobre todo, que fueran poco a poco teniendo en cuenta que la sostenibilidad tiene que ser un negocio para que cale en la gente, que no se puede simplemente pensar que la gente te va a comprar por ser sostenible porque para eso están las ONG que es otro tipo de negocio.  pero cuando envías una empresa tienes que ser competitivo es lo que se mercado y solucionar un problema que tiene la gente a un precio adecuado de mercado.  También creo que es muy importante formarse, que no es simplemente montar un negocio.

Hay que estar al tanto del sector y desarrollarse en el tema startups o empresarial y tener en cuenta que al final es un negocio, por mucho que lo que te impulse sea la sostenibilidad pero lo estás haciendo a través de montar una empresa y tienes que juntar los criterios de sostenibilidad con los criterios empresariales intentar que uno no se piden con los otros claro. 

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