El CEO de Bornay urge a redefinir el modelo energético tras el apagón nacional, denunciando la falta de planificación, agilidad normativa y un crecimiento desordenado del autoconsumo
El apagón eléctrico que paralizó recientemente buena parte del país ha encendido todas las alarmas. ¿Fue un fallo técnico, una consecuencia inevitable del auge de las renovables o una señal de advertencia más profunda? Para Juan de Dios Bornay, CEO de la firma alicantina Bornay, especializada en soluciones de autoconsumo y energías limpias, la respuesta es clara: “No ha fallado la fotovoltaica, ha fallado el sistema”.
En un análisis técnico compartido tras el suceso, Bornay lanza una crítica directa a la falta de estrategia energética por parte del Gobierno, y alerta de que el crecimiento del autoconsumo, si no va acompañado de una normativa clara, actualizada y flexible, puede convertirse en un problema estructural en lugar de una solución sostenible.
De la desconexión a la red: el cambio sin hoja de ruta
“La transición energética en España ha sido vertiginosa, pero no siempre lógica”, apunta Bornay. “Pasamos del aislamiento energético a la conexión a red, y luego al autoconsumo, sin una planificación clara y sin dotar de herramientas al sistema para absorber ese crecimiento”.
Uno de los grandes desequilibrios, según Bornay, está en que muchos usuarios vierten energía a la red cuando no la consumen —durante las horas solares— y luego extraen energía por la noche, cuando no producen. Este modelo, sin sistemas de almacenamiento generalizados, genera picos de vertido y vacíos de consumo que desestabilizan el conjunto.
¿La solución está en las baterías? Sí, pero no solo
Frente a las dudas que han surgido sobre el papel que podrían haber jugado las baterías en la prevención del apagón, Bornay ofrece una visión matizada: “Las baterías domésticas ayudan, sin duda. Pero no pueden ser la única solución. La clave está en el modelo híbrido, donde se combinen diferentes tecnologías —solar, eólica, hidráulica, nuclear y ciclos combinados— para mantener la estabilidad del sistema”.
En este sentido, denuncia que el sistema actual no reacciona con la agilidad necesaria. “Las renovables entran con prioridad porque son limpias y eficientes, pero tecnologías como la nuclear no pueden modularse rápidamente, y otras como el ciclo combinado o el hidráulico no se activaron a tiempo. Eso agravó la crisis”.
Una red no preparada y decisiones cuestionables
Otra de las claves del colapso, según Bornay, reside en cómo reaccionó —o no— la red eléctrica nacional. Cuestiona abiertamente la preparación técnica de Red Eléctrica de España, cuya dirección, afirma, no ha demostrado estar a la altura de un reto de esta magnitud. “El sistema está configurado para desconectar inversores fotovoltaicos cuando la tensión baja de 208 voltios. Pero esa medida, en vez de proteger, generó un efecto dominó: un inversor se cae, la tensión baja más, y se caen los siguientes. El colapso estaba cantado”.
Propone revisar urgentemente estos límites técnicos y dotar al sistema de más flexibilidad para absorber las fluctuaciones típicas del autoconsumo distribuido.
Infraestructuras infrafinanciadas y lobbies dominantes
Bornay también apunta hacia la responsabilidad de las eléctricas, a las que acusa de no invertir lo suficiente en infraestructuras: “Se escudan en que hay un límite del 0,065% del PIB para invertir, pero ninguna ha alcanzado ese techo. Mientras tanto, las mejoras necesarias las acaban pagando los ciudadanos, aunque la propiedad siga siendo privada”.
También denuncia el papel de los lobbies energéticos, que frenan la implementación de medidas que llevan años sobre la mesa: “Se sabía que esto podía pasar. Se plantearon baterías para evitar vertidos excesivos, pero han pasado tres años sin avances. La red no da más de sí”.
Una propuesta de futuro: energía distribuida y autoconsumo real
Bornay defiende con firmeza el modelo distribuido como alternativa al actual. Frente a las grandes plantas solares que saturan la red y generan pérdidas por transporte, aboga por “pequeñas instalaciones en tejados, naves industriales o comunidades locales”, combinadas con almacenamiento para fomentar el verdadero autoconsumo.
“El autoconsumo real —añade— es el que consume lo que produce, y no el que vierte sin control. Ese modelo es posible con baterías, pero también con una red inteligente y flexible que premie el equilibrio”.
Un llamamiento a la responsabilidad institucional
Finalmente, Bornay lamenta la falta de transparencia en la comunicación oficial tras el apagón. “La ciudadanía necesita explicaciones técnicas claras, no declaraciones políticas. Este incidente no ha sido un accidente inevitable. Se podía haber previsto. Y, con voluntad, se puede evitar que se repita”.
La reflexión es clara: si España quiere liderar la transición energética, necesita algo más que sol y placas. Necesita una visión estructurada, normativas modernas, redes robustas y, sobre todo, una gestión técnica que ponga el interés colectivo por delante del político o empresarial.

