República del cacao se ha convertido en una de las empresa chocolateras más importantes a nivel mundial. Con una forma de trabajar respetuosa con el medio ambiente, han conseguido trasladar la forma clásica de tratar el cacao en Ecuador a todo el mundo. La historia de este cacao fino de aroma comenzó en París. Los hermanos fundadores de la empresa se encontraban en una tienda de chocolates de la capital francesa y le pidieron al dependiente el chocolate más preciado que tuviera. Este les sacó un cacao que provenía de la región de Guayaquil, una lugar muy conocido para ellos. Así que después de darle vueltas, se pusieron manos a la obra y en 2007 lanzaron los primeros chocolates para sus clientes.
Este chocolate se elabora únicamente utilizando ingredientes locales. Combinan las materias primas con avanzadas técnicas culinarias que provienen precisamente de chocolateros franceses.
Desde República del Cacao quieren ser una marca líder en el mercado del chocolate con unos estándares de calidad muy relacionados con la producción sostenible. Desde la empresa apuestan por alianzas con productores locales y la preservación de las técnicas artesanales.
El cacao para elaborar los chocolates proviene de pequeñas plantaciones en Perú, Ecuador, Colombia y República Dominica. Todos sus proveedores están comprometidos con el Código de Prácticas Responsables y Sustentables para asegurar las buenas condiciones laborales de los empleados, el respeto de los derechos humanos, la antí-corrupción y las buenas prácticas con el medioambiente.
Acciones de República del Cacao
En Perú trabajan con una cooperativa para mejorar 54.000 hectáreas de cacao blanco piurano. También han construido un centro de acopio para la Asociación de Pequeños Productores de Mango y Otros Frutales del Valle de Chipillico.
Pero, desde la empresa, también llevan a cabo acciones para mejorar la calidad de vida de las personas. “Las Escuelas de Campo constituyen una de las maneras más efectivas de lograr que las familias rurales sean protagonistas de mejorar sus condiciones de seguridad alimentaria y nutricional, en donde cualquier problema puede convertirse en motor del aprendizaje, una oportunidad para cambiar actitudes y alcanzar metas más ambiciosas”, asegura Loy Van Crowder Representante de FAO para Nicaragua.