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En búsqueda de la igualdad salarial en época de COVID

La tercera ola feminista ha sacado del cajon algunos términos que parecían haber desaparecido. Patriarcado, sororidad o brecha salarial forman parte de nuestro lenguaje y aparecen en muchas de las conversaciones que se dan día a día en las cafeterías, bares o reuniones de amigos. Sin duda alguna son cuestiones que traen de cabeza a la sociedad, porque crean situaciones de desigualdad y discriminación.

Otro tema bastante recurrente en nuestras conversaciones a día de hoy es la COVID-19 y la crisis económica que ha traído consigo. Esta pandemia ha traído algo positivo consigo y es que ha puesto en relieve la importancia que tienen los trabajos relacionados con los servicios de cuidados y de salud esencial, que son ocupados en su mayoría por mujeres.

Las mujeres han conformado la mayoría de la fuerza laboral en la primera línea de la pandemia, pero también han sido las que más perjudicadas se están viendo en lo que a pérdida de empleos se refiere. Se estima que tras la crisis económica y sanitaria en la que se ve inmersa el planeta, 435 millones de mujeres y niñas vivirán en una situación de extrema pobreza con USD 1,90 al día. 

Si la igualdad salarial, antes de la crisis sanitaria ya era una lucha constante, ahora es un tema que hay que abordar con especial urgencia, ya que quienes ganan menos son quienes más daños sufren en una crisis económica. En los Estados Unidos, las mujeres negras ganan sólo 62 centavos, las mujeres indígenas 57 centavos, y las latinas 54 centavos por cada dólar que ganan los hombres blancos.

Con los datos aportados anteriormente, se aprecia de manera sencilla que existe una desigualdad pero sabemos realmente, ¿de qué hablamos cuando decimos igualdad salarial?

Cuando se habla de igualdad salarial se hace referencia al derecho que tienen los trabajadores y trabajadoras de recibir la misma remuneración por un trabajo de igual valor.  Un concepto que parece sencillo en un primer momento, pero en su aplicación práctica ha resultado ser realmente complicado.

“Trabajo de igual valor” puede significar un trabajo que es igual o similar, además de un trabajo que no es igual pero tiene el mismo valor. Esta distinción es importante porque los trabajos de las mujeres y de los hombres pueden implicar diferentes tipos de cualificaciones, capacidades, responsabilidades o condiciones laborales, y sin embargo ser del mismo valor y, por consiguiente, merecer el mismo salario, así lo explica la ONU.

Chidi King, directora del Departamento de Igualdad de la Confederación Sindical Internacional, y miembro de la iniciativa Equal Pay Champions de la OIT y ONU Mujeres, ofreció el siguiente ejemplo: “Un trabajo en el sector de la construcción, dominado por los hombres, puede tener el mismo o similar valor objetivo que un trabajo en el sector del cuidado infantil, dominado por las mujeres. Sin embargo, el trabajo en el cuidado infantil probablemente tenga un salario más bajo”.

El salario de los trabajadores no se compone únicamente de los ingresos básicos establecidos, también lo conforman el pago de horas extras, bonificaciones, asignaciones para gastos de viaje, acciones en las empresas, seguros, entre otros beneficios. Y es importante tener en cuenta estos “extras” que suman en las nóminas muchas mujeres no los tienen.

¿Persiste la brecha salarial de género?

La respuesta es sí. Que la brecha salarial siga existiendo en pleno S.XXI se debe a que está fuertemente arraigada a desigualdades sistémicas. Las mujeres, y en particular aquellas migrantes, tienden a trabajar en el sector informal. En muchas ocasiones los trabajos que realizan están fuera del alcance de las leyes laborales y se quedan atrapadas en ambientes laborales inseguros y sin beneficios sociales.

Muchas mujeres se dedican a trabajos relacionados con el cuidado y el hogar. Las mujeres realizan tres veces más cuidados y trabajos domésticos que los hombres, a nivel global. Esto incluye tareas domésticas como cocinar, limpiar, ir a buscar leña y agua y cuidar de los niñas y las niñas y de las personas ancianas. Desde ONU Mujeres afirman que “aunque el trabajo de cuidar de otros es fundamental para que las familias, comunidades y economías prosperen, continúa siendo subestimado y no debidamente reconocido”.

La desventaja por la maternidad es otro motivo de la desigualdad salarial. Esto no quiere decir que por el hecho de ser madres las mujeres cobren menos que los hombres, es más bien una cuestión que tiene que ver con los roles de género tradicionales. Muchas mujeres cuando son madres deciden reducir su jornada laboral o cambiar de empleo a uno que se adapte mejor al cuidado de los hijos. Esto influye también en las decisiones de ascensos que impiden a las mujeres obtener roles de liderazgo, con salarios más altos.

“No se trata solamente de la brecha salarial, también está la brecha de oportunidades, y tan sólo el ser vista como igual es un desafío”, explica Abby Wambach, icono deportivo  campeona del mundial femenino de la FIFA, que tras retirarse del fútbol, se dio cuenta de que había marcado más goles que cualquier hombre.

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